Con más de 70.000 habitantes, Orihuela sigue sin una pista de atletismo municipal mientras deportistas como Carmen Marco tuvieron que marcharse para progresar. El caso revela un problema que va más allá de una ciudad: la desigualdad de infraestructuras deportivas en España.
La primera vez que la velocista Carmen Marco tuvo que entrenar una salida de tacos, una de las técnicas más importantes en una prueba de velocidad, no lo hizo en Orihuela. Tuvo que salir fuera. No había una pista adecuada, no había calles homologadas ni tacos de salida. Había imaginación. “Solo la imaginación de Lola era nuestro recurso”, recuerda entre risas, aunque el trasfondo de aquella frase pesa más de lo que parece. Lola era su entrenadora y aquella imaginación consistía en adaptar entrenamientos, improvisar espacios y sacar rendimiento de donde apenas había medios.

Hoy, Carmen Marco es atleta internacional y entrena en Palma de Mallorca. Antes fue una niña que creció deportivamente en Orihuela, una ciudad de más de 70.000 habitantes que todavía no dispone de una pista de atletismo municipal operativa. Su historia sirve para poner rostro a una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que una ciudad de este tamaño siga sin una infraestructura básica para el atletismo?
La cuestión no es únicamente local. Según el Consejo Superior de Deportes (CSD), España cuenta con más de 176.000 espacios deportivos, aunque la distribución de infraestructuras es desigual entre disciplinas. El fútbol domina claramente el mapa deportivo nacional, mientras que las pistas de atletismo son considerablemente menos frecuentes. El resultado es una realidad dispar: algunos municipios pequeños cuentan con instalaciones específicas mientras ciudades medianas siguen sin ellas. Orihuela es uno de esos casos.
Para Carmen Marco, el problema nunca fue solo una cuestión de comodidad. Fue una limitación deportiva real. “Había cosas técnicas que no podía entrenar”, explica la atleta, que recuerda especialmente la imposibilidad de practicar correctamente la salida de tacos, una parte esencial de la velocidad. “Una salida de tacos no la podía entrenar en Orihuela”, afirma. A medida que aumentaba el nivel competitivo, las carencias también se hacían más visibles. Mientras otros atletas podían desarrollar sesiones específicas en instalaciones preparadas, ella tenía que desplazarse para completar entrenamientos que en otros lugares eran rutinarios.
“Creo que es un problema a nivel nacional. Lo que pasa es que en Orihuela es el máximo esplendor del problema.”
El salto llegó cuando decidió trasladarse a Valencia para seguir creciendo deportivamente. La decisión no fue casual. Allí encontró algo que en Orihuela no tenía: una pista adecuada, grupo de entrenamiento, recursos técnicos y un entorno especializado. La pregunta clave surge sola: ¿habría llegado al mismo nivel quedándose en Orihuela? La respuesta de Carmen Marco es rotunda: “No. Imposible”. La frase resume el corazón de esta historia. No se trata solo de una infraestructura que falta, sino de las consecuencias que genera. Porque cuando una ciudad no ofrece determinadas condiciones, el talento deportivo acaba marchándose.
Y ese fenómeno no es exclusivo de Orihuela. Muchos deportistas españoles se ven obligados a trasladarse a ciudades con mejores instalaciones para poder competir al máximo nivel. En disciplinas menos prioritarias que el fútbol o el baloncesto, el acceso a infraestructuras especializadas puede marcar la diferencia entre progresar o quedarse estancado. Ahí es donde el caso oriolano adquiere un valor que trasciende lo local: muestra cómo la falta de equipamientos puede condicionar trayectorias deportivas enteras.
Quien conoce bien esa realidad es Francisco Belmonte, presidente del Club de Atletismo Tragamillas de Orihuela. Desde su posición ha visto pasar generaciones de atletas entrenando sin una pista adecuada y escuchando promesas políticas que nunca terminaban de materializarse. “La ciudad deportiva en Orihuela lleva sobre la mesa desde 1997”, explica. Han pasado casi tres décadas desde aquellas primeras conversaciones y, durante ese tiempo, distintos gobiernos municipales han planteado proyectos deportivos sin que ninguno terminara traduciéndose en una pista de atletismo operativa.
Belmonte evita el dramatismo, aunque no esconde cierta resignación. El dirigente deportivo reconoce que Orihuela presenta dificultades específicas: un municipio disperso, con numerosas pedanías y necesidades repartidas en distintos núcleos de población. Esa configuración territorial ha provocado históricamente inversiones fragmentadas y una distribución de recursos compleja. Sin embargo, sostiene que el atletismo ha quedado rezagado respecto a otras prioridades deportivas. La ausencia de una instalación específica ha obligado al club y a los atletas a adaptarse continuamente mediante entrenamientos improvisados, desplazamientos y limitaciones técnicas.
A pesar de ello, Orihuela ha seguido produciendo deportistas de nivel. Precisamente por eso, la falta de una pista resulta aún más llamativa. “Tenemos atletas, tenemos cantera, pero no tenemos dónde desarrollar determinadas cosas”, resume Belmonte. La contradicción es evidente: una ciudad capaz de formar deportistas competitivos no dispone de la infraestructura básica necesaria para acompañar ese crecimiento. La consecuencia no siempre es inmediata, pero sí progresiva: quienes aspiran a competir al máximo nivel terminan buscando fuera lo que no encuentran en casa.
“Nos hemos ido arreglando como hemos podido. Hemos buscado alternativas en ciudades cercanas.”
El Ayuntamiento de Orihuela anunció recientemente el impulso de una futura Ciudad Deportiva que incluiría, entre otras instalaciones, una pista de atletismo. La noticia fue recibida con esperanza dentro del ámbito deportivo local, aunque desde aquel anuncio apenas se han producido avances visibles. El concejal de Deportes, Víctor Manuel Sigüenza, admite que el proyecto se encuentra todavía en una fase compleja. Actualmente, explica, el expediente está en manos del área de Urbanismo debido a las características del suelo sobre el que se plantea la actuación.
La futura ciudad deportiva estaría ubicada en la zona de los huertos, lo que implica una gestión urbanística considerable: adaptación de parcelas, informes técnicos y expropiaciones de terrenos agrícolas. “Ahora mismo está en Urbanismo”, señala el concejal, quien evita comprometer fechas cerradas, aunque sí deja un horizonte temporal aproximado. Según calcula, la “primera piedra” podría colocarse en torno a 2029. El dato no es menor. Si los plazos se cumplen, Orihuela podría seguir varios años más sin una pista de atletismo municipal. Para muchos deportistas, eso supone perder una etapa decisiva de formación.
“La primera piedra podría colocarse en 2029.”
La situación también abre un debate más amplio sobre el modelo deportivo en España. El fútbol ocupa un espacio dominante tanto en inversión pública como en infraestructuras. Basta observar cualquier municipio mediano: campos de fútbol, pabellones o instalaciones polideportivas forman parte del paisaje habitual. El atletismo, en cambio, rara vez aparece entre las prioridades iniciales. El resultado es una disciplina que sobrevive muchas veces gracias al esfuerzo de clubes, entrenadores y familias.
Carmen Marco lo ha vivido desde dentro y defiende con claridad que las instalaciones sí condicionan el rendimiento. No solo por el acceso a mejores materiales, sino por la posibilidad de desarrollar aspectos técnicos específicos y entrenar con continuidad. En un deporte donde centésimas de segundo pueden marcar carreras enteras, cualquier diferencia importa. Y esa desigualdad empieza mucho antes de la élite. Empieza en las ciudades, en la adolescencia y en el momento en que un atleta tiene que coger un coche para realizar un entrenamiento que otros pueden hacer caminando desde casa.
La paradoja de Orihuela no es únicamente que no tenga pista. Es que, pese a no tenerla, ha seguido generando atletas. Eso convierte el caso en algo todavía más significativo, porque si el talento ha aparecido incluso sin instalaciones, surge inevitablemente otra pregunta: ¿qué podría lograrse con ellas? Belmonte cree que una pista permitiría consolidar cantera y mejorar el crecimiento deportivo. Carmen Marco va un paso más allá. Cuando se le pregunta qué le diría a un joven atleta de Orihuela que quiere llegar lejos, su respuesta no deja demasiado espacio para el optimismo: “Que salga de Orihuela”.
No lo dice desde el resentimiento, sino desde la experiencia. Desde haber vivido entrenamientos incompletos, desde haber entendido que para crecer tuvo que marcharse y desde la convicción de que el talento necesita condiciones para desarrollarse. Quizá ahí esté la idea que resume toda esta historia. Una ciudad de más de 70.000 habitantes sin pista de atletismo no es solo un problema urbanístico o deportivo. Es también una decisión sobre las oportunidades, sobre quién puede progresar sin irse y sobre cuánto talento está dispuesto un territorio a dejar escapar antes de construir el lugar donde ese talento pueda correr.